miércoles, marzo 24, 2010

Canciones del Placard*

DÍA DE LA MEMORIA

Érase una vez el otoño en la casa de Roque Perez.
Con Martita en batón, escuchábamos a Larrea y a dos cotorras que le hacían de locutoras.
Y una tarde, después de dos o tres aviones, sonó un freak le boom boom. El llanto de Martita me hizo afinar la nariz. Algo de lo que pasaba olía feo.
Esto pasó ayer nomás.
El Proceso lo viví en el colegio católico del barrio y en el placard blanco de la pieza. Y no por temor, sino por mi raro gusto pasado a los encierros.
No sabía realmente qué pasaba.
Apenitas me animaba a adolecer y el cielo de los tupamaros no me sonaba a nada.
Pero en el placard todo era seguro siempre, todas las noche seguras siempre, eternamente viernes 3am.
Inseguridad era la calle y quizá por eso me metí muy adentro. Sin embargo nunca me faltó una bicicleta blanca que sólo funcionaba en el placard. Fuera de ahí no sabía andar en bici. Y cada vez que me subía ese chico de segundo, Rubén Martín P.F. me hacía flipar. Me decía me gusta ese tajo y yo ruborizaba a ese mundo sordo de ropas y perfumes baratos.
El violín de Becho sonaba a la hora del desayuno pero yo no oía más que a Juana Azurduy. Quizá porque me mataba que una mujer fuera tan grossa, tan distinta a mí, tan lejana de las madres cansadas que me educaban y frustraban día a día.
Las pocas veces que salía del placard iba a la casa de Silvia, o Pachi ó Hernán. Había pequeños ensayos desastrosos de amor que no llegaban a más que kiss, kiss, kiss. Yo los miraba de lejos porque el montón de besos no nadaban en mi boca. Yo decía que no quería.Nada enciende mi fuego, me decía –negadora- con el matafuegos en la mano achicharrando de una las chispas.
Y volvía al placard, ponía distancia, lejanía, ponía otro ladrillo en la pared. Ahí adentro la radio funcionó siempre sin interferencias y se me hizo carne. Tanto que hoy sin ella soy renga.
Las tías cocinaban zapallitos rellenos y ese aroma me hacía salir del encierro blanco. No de cocaína, claro está. Sino blanco de puerta chica y de canción de amor para francisca.
Pasaron años y no sé exactamente cómo y cuándo dejé el placard.
Me metí en la vida que es un placard un poco más grande, a veces luz, a veces sombra.
Y es muy posible que el terror de aquella época se haya amortiguado por mi ignorancia, por mi adolescencia de estreno y sobre todo por mi mundo de radio y canciones.
Por eso acá las traigo, las agradezco y las recato de mi memoria.

* Todos los temas linkeados fueron censurados durante el proceso

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jueves, diciembre 31, 2009

Deseos



Vamos a ver si empiezo otra vez
si me subo a la rueda de ratón
si le doy cuerda al reloj de arena
si el amor
la planta
y el limonero
son generosos una vez más.

Vamos a ver si me cobijan mis ojos
si me desvisto de miedos
y acribillo el dolor que no se va de mis manos.

Vamos a ver si los hampones se mudan
a la vuelta del infinito
y me libero de golpe de sus palabras vacías.

Vamos a ver si festejo a lo chino
y hago una fogata de lo que fui
que apenas ilumina al Tigre que nace.

Vamos a ver si floto en la nada
si me hago diente de león y dejo que el viento
me destroce, multiplique y decida por mí.

Y siendo una miguita en la mesa del mundo
vamos a ver si viene la hormiga
y me hago nutriente en su laberinto.


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lunes, diciembre 29, 2008

是

No se me ocurriría hacer balances,
apenas puedo balancearme en lo llano.
Mencionaría si cuadrara algún hallazgo,
una sorpresa,
ese bife metafórico y sonoro
dado con los dedos abiertos en el medio impreciso de la nada
saltando los dientes de esta boca imaginaria.
Pero ni eso vale la pena a esta altura de la soirée.

Me doy permiso para todos los perdones,
me absuelvo de los breves pecados,
me eximo de mis torpes excesos.

Este año, por ahora, ya fue.

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jueves, noviembre 06, 2008

Anochece

Ayer el sol arrastraba su lento caracol igual que en la última curda.

Tirados en el piso acariciábamos las sombras que se iban sin nosotros.

Íbamos a prender esas velas

pero se nos ocurrió abrir los ojos mientras la tarde se nos dormía encima.

Con los restos de su luz nos dedicamos las últimas miradas posibles

hasta que se extinguiera su rayo blando,

de gira hacia otro continente.

Las imágenes de lo que fuimos hace un ratito

se diluían como fotos hundiéndose en el agua,

heridas ó muertas por los disparos negros.

Dudamos de nuestros rasgos, de mi mano, de tu letra.

Ya no éramos más que la sombra de la sombra.

El terror nos lanzó sobre la luz

como si nuestra identidad dependiera de una vela.

pero es difícil encontrarnos en la hora en que la debilidad se hace tan nítida.

Y nos quedamos encogidos de pánico, sin confirmarnos

con la gran noche alrededor.

Sólo con la suposición de que esos dos a oscuras,

seguíamos siendo nosotros.


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martes, agosto 12, 2008

Las cosas como son

Se sacó la remera para verse los cortes y se dijo:
-Tengo alguien que me quiere.
Y quitaba con lentitud las esquirlas del llamado telefónico.
Mientras, el espejo indiferente.
Mientras, el agua sonorizando la repetición del film.
- Tengo alguien que me quiere.
Se lo decía maquillando la ojera indeleble,
recorriendo su aparato reproductor que hacía ecos en el vacío.
- Qué suerte tengo por lo que tengo.
Y sonreía a la mueca reflejada
que descascaraba y se iba corrompiendo.
- Alguien me valora, cuida, respeta y ama.
Susurraba empañando el vidrio de sus visiones.

Descalza, con un pie derecho muerto y torcido
sola ante la verdad apagó la luz y se dijo:


- Alguien me quiere. Y cómo duele.

Moraleja: Por más que quieras una H2O Free, te van a dar una Sprite.

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lunes, junio 09, 2008

Toro *

Mientras escucho Soul Kitchen
me subo a un toro mecánico
Le clavo sin violencia mis espuelas invisibles
y el cuero responde con gemido de 220.

Me convierte en perfecta soldadita del amor
Me monto su arritmia y ni siquiera me caigo
aprieto más y se estremece en mis piernas
y el lomo taurino suda el silencio.
Desnudo me pasea por la cocina
prendiéndome fuego a cada paso.

El equilibrio está por quebrarse

Estoy al borde de acabar por el suelo
con la única idea de suplicarle otra vuelta.

* Imaginé esta escena en un estado de conciencia total, sólo escuchando The Doors a oscuras en mi cocina.

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jueves, mayo 08, 2008

Veo

Te veo.
Me paro detrás de la cama y miro aquello que fue tu cara,
tu cuello, tus lentes cruzados de brazos.
Se corporiza tu mal humor en una araña verde y peluda.
Le tiro la sandalia nueva, ésa que nunca me viste en verano.
Nunca viste cómo me desvisto de sandalias y perfumes.
En el revoleo la araña muere y vos quedás limpio de todo,
sólo queda una mancha en la almohada de tu lado,
señales del buen tiro de mi calzado al voleo.
Te miro como si así te volvieras cierto.
Y el humo que supongo sale de tu boca me ahoga,
esmerila tu certeza y te hace invisible.
Desaparecés de nuevo, seguís desapareciendo
como un acto de desvanecimiento continuo.
La mancha se evapora y ni el rastro de tu olor se aferra a mi cama.
Te das vuelta y saltás a ese cielo de plastilina que vos y yo sabemos.
Viajás igual que un planeta huérfano y felizmente perdido,
desorbitado, a otro mundo.
Y ya no te veo más.

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sábado, abril 26, 2008

INCERTIDUMBRE

¿Soy mi nariz que todo lo observa,
mis tripas lentas,
mi digestión con delay de lo bestial del amor?

¿Soy un clon de mis pecados,
La fruta que desmadro contra el piso
manchando con sangre de manzana podrida?

¿Soy la letra chica,
la minúscula eme de esta cocinera,
los diptongos que arrastra mi verdadero nombre?

¿Soy la luz empobrecida a través de las manos,
la sombra que me traspasa,
la oscuridad al final de mi propio túnel?

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domingo, abril 20, 2008

Astillas

Salió corriendo de la casa enfundando lentes nuevos, la radio y las llaves.
El celu lo dejó abandonado junto al calefón de ayer.
Tenía vincha azul y su remera tapaba toda la abundancia carnal que se dedicó a sembrar en los últimos meses.
Los costos de las desilusiones se pagan en la balanza se decía mientras reía para los demás.
Se le evaporaron hace rato las lágrimas en desuso
y los ojos se le pusieron verdes y secos
igual que las hojas que crujen a su paso.
Las manos se empuñaban tensas y las uñas se clavaban sobre su palma.
Sangraba levemente pero no le importaba demasiado.
Con esa tensión sostenida se impuso tres vueltas al parque.
La cabeza le hacía batalla naval:
Le hundía un par barcazas, botecitos no amarrados, veleros.
El corazón se le asomaba en los labios
y el cuerpo se agotaba al sol que intuía tras el muro de humo.
Mientas, la radio susurraba algo de Reed.
Por ese estallido de música dejó que la memoria trajera un recuerdo,
que luego hachó en mil simétricos trozos.
Las astillas lastimaban el buen panorama dominical
así que sacudió su cabeza y se fueron volando a hacer otros nidos.

Salvo una, que se le clavó en su nube de domingo para hacerse carne.

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domingo, abril 13, 2008

Año nuevo

Hay momentos que los filtros dejan de funcionar, se anulan y desvanecen.
La lógica conocida se hace desconocida.
Nos entra el mundo con la brisa pegajosa del nuevo año,
en las letras de las canciones,
en el calor de la baldosa que sufre el pie desnudo,
en las pisadas del perro de Inés que se oyen venir de la cuevita.
Nos hacemos uno con un mundo real y no hay modo de resistirse.
Y así, como voy a contarlo, se corporiza algunas veces la felicidad.

Violeta y Dorado

Yo estaba cantando en un inglés intratable.
Un sillón violeta se expandía bajo mi cuerpo
y se me amoldaba en aquella tardecita de San Telmo.
Aún así, en la comodidad corporal
de la placidez de imaginar mis pies escondidos en un río
fluyendo desde mi puff devenido a gomón imaginario
en un afluente mental del delta,
mi cabeza estaba sin sostén y en el aire, un poco tensa.
Y allá lejos, sobre una cornisa real
divisé un almohadón dorado que sería todo un lujo para mí.
Me levanté y caminando como Moisés sobre mis aguas imaginarias
amarré el dorado sostén a mi cabeza.
Y así, al ritmo de la casada musical
me deslicé hacia abajo sin motivos ni pensamientos.

Black Bird

Repito. Cantaba a los Beatles pésimamente.
Pero cuando la música adquiere la actitud de meterse
y se hace membrana en el cuerpo sintiéndose en el reverso de la piel,
en la aspereza del paladar que se deja atravesar,
cuando ya no hay lugar en mi mundo desinhibido
que esté ausente de esa música que además es bonita por sí misma,
mi voz me recompensa tal cual lo haría un pájaro negro.

Terraza y lago

Estábamos contra la pared que daba sombra
El mundo era una marioneta de la música.
La brisa jugaba con el mantel levantando su pollera como con Marilyn
y a ninguno se nos movía un pelo.
Platón a mi lado me exhibía su lengua perruna de chicle.
El Pipi buceaba un pág/12 del último año.
La bikini azul invadida por una psicóloga dormía la siesta.
Él, mezcla de Iggy Pop, bajista y exterminador, se ausentó sin aviso previo
pero volvió con sonrisas para todos.
Y la traductora de métodos poco usuales disfrutaba leyendo en el vaivén paraguayo.
En mi gomón violeta yo recorría la escena
amarrada con alfileres en la pared de la sombra.
Al regresar del viajecito músico-mental todos habían rotado de sus lugares,
como si me hubiera perdido precisas movidas veloces.
Igual, todo encajaba.
El tiempo roncaba a nuestros pies y nada había que nos sacara de ahí,
de esa sensación de lago donde todos flotábamos sin más deseo que no desear.

Así fue, en ese largo día, la auténtica felicidad de la nada.

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jueves, abril 03, 2008

Piel naranja

Hoy la vi en la vereda de enfrente de Pueyrredón,
con su trajecito maltrecho y la blandura de sus naranjas.
Llevaba un caballo en la cola del pelo
y un hombro free mostrando una musculosa en la piel.
El primer día que actuó para nosotros
su olor y sudor me corrieron por dentro.
Hacía algo que dudo fuera con conciencia
pero al golpear las naranjas en el techo,
al darle con fuerza salida de las tripas hambrientas,
al ser mejor que el mejor pago del Cirque du Soleil
pero sin red ni aprobaciones,
los cítricos olores maltratados inundaban el vagón,
Y ella
cagadísima de calor por el trabajo sin serie
sudaba,
sus naranjas volvían mansas a su mano infantil,
a su cola de caballo no domada,
a su hombro desnudo amusculosado.
Mientras, flotábamos de las narices por el perfume
y velábamos su infancia que moría en cada escena.


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jueves, febrero 28, 2008

Todos mis ojos

Hoy sin tristezas me acordé de él.

El Posadas fue un gigante hecho de laberintos.
Una noche por fin me pude memorizar su inmensidad.
Caminé sobre el hielo y la ausencia de sus pasillos oscuros.
Ya no recuerdo su cama ni el número del cuarto.
Ya no recuerdo las letras en aerosol de los ascensores que jamás usé.
No recuerdo hoy cómo llegué, pero llegué todas las noches.
Mi papá era el cuerpo de un hombre que jamás conocí
en la cama de una habitación que ya ni puedo recordar.
Siempre fuimos dos isleños sin canoas posibles.
En el Posadas me miró desde su naufragio sin palabras
y yo le llené los silencios de algodones con todos mis ojos.
Practicábamos por primera vez el ejercicio descomunal de la mirada.
Las únicas pausas en nuestros ojos eran los parpadeos de la luz
porque la luz en el Posadas parecía un mal presagio
y la muerte un chiste fácil mal contado a diario.
A los quince días mi viejo murió solo en esa cama
pero repleto de todos mis ojos.


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miércoles, enero 30, 2008

Encontrándome

Me meto en la cajita y aprieto 14
Su espejo me sorprende con mi peor perfil y,
totalmente desprevenida,
salgo idéntica a la foto móvil que sube conmigo.
La dicroica me hace blanco en la razón
me ciega me adormece
me lleva por un camino estéril de ganas
repentinas inesperadas
de estar en otro lugar.
Quiero bajar, ir a casa, a alguna casa
meterme en la cama, debajo de ella
buscar adónde fue lo que fui
lo que supe ser
sacar la mugre del pasado trapearlo y fregarlo todo
encontrar agazapada esa esperanza zurda
el par perdido
de la media o la naranja
el espanto o el amor.
Pero estoy acá, en el 14
Y en lugar de bajar
deslizo debajo de la puerta la fotografía tomada abajo
ese simulacro sin exageraciones evidentes que se parece a mí
Nadie nota que yo estoy lejos
en algún lugar innombrado
igualito a un cielo que jamás colapsa
donde el alma se ovilla y desovilla infinitamente
todo el tiempo encontrándome.

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lunes, enero 07, 2008

Estival

El verano es una playa mal llamada feliz,
arena calcinando los pies,
la cercanía de humo de sudor ajeno.
Un mundo de cinzano
que no quiero ni en figuritas.
Es ese silencio áspero.
Venus queriéndome por las ausencias que añora.
Los gatos qué saben de extrañar?
Extrañar es divino y humano.
La ojos secos porque no hay por quién llorar.
Por qué llorar.
Mi vecina y su voz
llenándome de ideas explosivas.
El certificado de defunción de mi rígido de 40.
El pelo contradictorio
que atado duele que suelto ahoga.
El Tigre esperándome por 15 días.
La cámara K-1000 y su sonrisa al verme volver
sintiéndome con ella un dinosaurio tecno.
La heladera con arritmia que entibia las cervezas.
El suciedad de ayer junto con la de mañana.
La tele de los bostezos,
la fresca que piró a algún polo.
El sillón blanco pegado a la piel.
Colillas de marlboro que ni pienso tirar
haciendo de arqueóloga barrial
para probar con certeza una presencia ida.
La noche fuera de horario
que se hace día cada dos por tres.
El verano es un exceso que me excede por completo.
Quedan 73 días.
Y lo que no queda es paciencia.

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viernes, diciembre 28, 2007

Cactus

Los sucesos extraños están por todos lados.
Sin ir más lejos hoy,
taconeando por el parque,
esquivando mangueras de porteros,
bajando la mirada al rubro de la construcción
se me rinde a los pies una bolsa negra
repleta de cosas verdes.

El apuro,
la celeridad de las 7y58 tironeaban hacia el 152
pero en oposición, los ojos me querían mostrar.
Y como me rindo a mis sentidos más que a la razón
miré al interior de la bolsa de 100 x 90
negra acharolada, sin fisuras
puesta en el medio de la bicisenda
imposible de eludir, con ademán exhibicionista.
Y ahí dentro había tres, cuatro plantas.

Yo seguía la caminata en 33rpm,
Los ojos metidos en la bolsa, imantados por las macetas
de una trepadora sin tener adonde amarrarse,
de otra plantita pereciendo por inanición acuosa,
un esqueleto marrón que en otro momento fue todo clorofila
y un cactus San Pedro.
Este último, erecto y vivaz,
con todas sus púas perpendiculares a su cuerpo bulboso
verde agua por aquí, verde fuerte por allá,
todo él verde vigor,
frondoso en su soledad, vivito y coleando.

Y en eso me llama (lo siento, lo intuyo llamándome)
como llama una criatura apenas audible al borde de una hamaca,
con los brazos (único brazo) extendidos hacia mí
solicitando un upa sin exigencias.
Ante semejante pedido, por más 8am que anunciaba el celu
por más descabellado que fuera viajar un último viernes hábil
en un subte atestado de gente sin swing
ahí fui yo y mi cactus niño y llorón,
centro de toda atención en el subte de las 8y16
dando un respeto que sólo sus púas podrían dar,
provocando risotadas y todo tipo de comentario
a los incautos usuarios que se topaban con él.

Y así, con este extraño suceso de viernes
empecé el fin de año.
Ahora tengo un amigo, ahora tengo un cactus.

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lunes, diciembre 03, 2007

Encierro

Suceso real transcurrido en sólo 4 minutos, contado y vivido por una cocinera claustrofóbica.

Me quedé encerrada en un baño.
En el encierro no hay soledad. Hay pánico.
Y la claustrofobia,
siempre tan solícita a mi locura de turno,
me hablaba en la nuca.
Cuando me quedo con picaporte en mano
y de una ojeada mal parida
veo,
sufro,
me congojo
y se me anuda creciente la garganta
por el escasísimo espacio entre el inodoro y la puerta,
entre la puerta y yo,
entre las cuatro paredes del encierro, el techo y el piso,
ojeada mal parida de eternidad en un segundo, me desesperé.
Me iba a morir y nadie se iba a enterar.
La locura del encierro siempre maneja esto como una certeza.
Y ya empezaba a engatusarme con palabras desalentadoras de pánico.
Apostaba a la muerte segura.
Perdido por perdido, usé el recurso del alarido,
gritos desaforados.
Se me iban las migas de poca cordura que quedaban.
Veía mis manos sordas golpeando la puerta de un ataúd.
En el fondo, una tele chata y a tono con la idiotez mediática
emitía Gran Hermano 7, ó 5 ó quién sabe.
Yo estaba encerrada en el baño.
Me lastimé el pulgar izquierdo por golpes miedosos desesperados.
El sentido común no venía.
No venían paramédicos, conserjes, mozos.
Nadie venía.
Cuando estaba a punto de hacer contorcionismo improvisado,
una especie de deslizamiento yarará inútil
(porque el espacio entre la puerta y el piso serían escasos 35 cm),
el escape se me frustró:
mi cabeza no pasaba por ahí. Y juro que lo intenté.
Porque estas cosas generan el encierro, querer probar lo improbable.
Entonces sentada, ya casi sin aire porque el pánico ganaba la pulseada,
transpirada, a los gritos y con la ropa pegada al hueso del miedo,
mareada, viendo la colección de puntitos como luciérnagas sin baterías,
miles de luciérnagas apagándose,
esa sensación de que me voy por un túnel,
esos avisos de neón titilante que dicen “desmayo inminente”,
y el terror conmigo en el baño en lugar de desaparecer
me pasaba la película del encierro haciéndome recordar otros encerrados,
como aquellos del ascensor de “sobre héroes y tumbas”…
Digo, cuando todo eso se quemaba en mi cabeza miro mi bolso y ahí, el celu.
A punto de mandar un mensaje me arrepiento y empiezo una llamada.
Me invade un potencial terror de no tener señal.
Y mientras el corazón pataleaba, queriendo escapar como yo,
latiendo en mi boca, quitando el aire cada vez más escaso.
Latiéndome entero, explotándome todo en la cabeza.
Y de pronto, escucho pasos cercanos a la puerta,
la voz que seguro me rescatará,
esa voz tranquilizándome del otro lado,
Él, siempre del otro lado.
La mano de esa voz en el picaporte.
La puerta a punto de abrirse.

Y la puerta por fin, abriéndose.

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jueves, noviembre 29, 2007

Appetizers

10% Inconclusa
Mi felicidad culinaria en combo imaginario venía con un mueble a medida que no llegaba nunca.
Ni las puertas llegaban.
La felicidad culinaria viajaba en tortuga. Pero al fin llegó.
Y al quedar inconclusa sólo el 10% de mi cocina,
puedo decir tranquilamente que la felicidad no es lo que me imaginaba.

Olvidos posibles
Unas palabras que incluían una puteada fue lo último que dije antes de dormir.
Y no soñé cosas raras.
No tardé demasiado en desconectarme del mundo.
Apagué la luz naranja. Ni me apené del abrazo ausente.
Al día siguiente todo estaba en orden y el comentario prácticamente olvidado,
salvo por el detalle que uno no olvida lo que quiere, sino lo que puede.
Yo puedo poquitas cosas.

Entusiasmo
No cuelgan más hilos con bombitas de 40.
Hoy desfilan dicroicas, bajo consumo, bombas blancas, halógenas.
Lámparas campana, bolas de papel, mariposas sobre la mesa.
Sin decadencia se ilumina la casa.
Pero es porque antes me ilumino. Así me entran ganas de todo.
Sobre todo de quedarme a oscuras.

Tu Sam
En mi mágico mundo soy un Houdini aggiornado.
No sólo me amordazo y me encadeno,
hago desaparecer sillones en mudanzas,
duplico la apuesta cuando tengo chances sólo de perder y siempre,
de una forma o de otra,
me libero y salgo casi ilesa de todos los autosecuestros.

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domingo, noviembre 25, 2007

Radio am


Por la noche novata se escuchan ahogados y náufragos.
En un rato se diploman de tumulto de ebrios.
Mientras tanto este hombre se oculta en la cama que lo apresa.
Sanciona su dificultad para dormir
y se flagela sin más prendiendo la radio am.
Y por ahí se concentra en una charla,
palabras con bordecitos interesantes
y se apena de él y se escarmienta y se dice:
"Qué hacés boludo escuchando radio am?
Falta la Delfino y cartón lleno."
Y siente que alguien lo oye.
Alguien lo está escuchando.
Alguien que opina, que piensa como él.
Imagen especular que ve sus ojeras radiales
La humedad en la pared
Las tripas insomnes. La cama virgen.
Alguien con el mismo olor ultravioleta.
Y piensa: Quién sabe?
Si ella es como yo seguro podemos hacer contacto.
Y trata de darle importancia a esta idiotez que imagina
sabiendo de antemano que es mentira
que la sospecha de Julito es real
y que estar de acuerdo con otro es la peor de las ilusiones.
Más aún si es sólo voz de radio.
Y mira a su alrededor la contundencia de esa cama,
cama de frío y borrachos afiebrados,
cama-trampa, cama-desierto.
Y ahí nada más que él
castigándose por no dormir y escuchando toda la noche
la infinita radio am.

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martes, noviembre 20, 2007

Exterminio

Acaricio tiernamente al gato
que tiene las uñas terrosas
los pelos mullidos
los ojos birmanos más grandes que el mundo.
Parece un dildo imaginario
su motor ronca la siesta en mis piernas
pero apenas un rato, porque se jacta de su antipatía.
Y mientras nos montamos la escena de cariño mutuo
del techo, que aún no está terminado, cae algo.
Un polvo, unas gotas, un ruido.
Un colombiano a mis espaldas festeja el 2 a 1
Y ahora, otra vez, el polvo como llovizna.
Sigo al ruido y las veo.
Finas y delicadas patas con caparazón haciendo juego.
Saben de moda pensé.
El gato ronca ausente.
Ballenato festivo en la tele por el milagro deportivo.
Y en el techo roto se arma la gran familia.
En esos propicios agujeros.
En la planicie, en la cordillera, allá arriba.
Una densa manta insectos sensibles
moviéndose como olas.
Movimientos armónicos del insecto más antiguo del mundo.
El gato me deja sin pena eligiendo el sillón.
Y yo, molida de sueño,
imaginándome las cucarachas sobre mi territorio
apago todo, incluso el gran colombianazo que me viene de atrás
y con raid en mano, me voy a dormir dispuesta al exterminio.

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miércoles, noviembre 07, 2007

No entiendo

No entiendo.
Será mi fiel ignorancia que no me abandona
o no sé qué será que ni sé.
No entiendo las publicidades
donde los autos flotan con globos,
los post it corren a un oficinista con jaqueca
y mujeres en bañeras pasean en aerostáticos.

No entiendo.
Cómo se siguen muriendo
nenes wichis desnutridos
en un Chaco ignorado.

Alguna vez domé bárbaramente los números
pero no entiendo cómo, sin inflación
ya no puedo comprarme ni una yerba de kilo,
un dadito negro a buen precio,
el hileret para los solitarios mates.

No entiendo
por qué el amor todo lo puede
salvo lo que no puede.

No sé por qué
puedo ver mil veces
Blade Runner y llorar indefectiblemente,
siempre
con la misma escena.

Y no entiendo,
ignoro,
desconozco cómo
sin comer, sin dormir y casi sin ser
sigo adelante como si eso fuera posible.

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