Respondiéndote
Para vos, lunático de Evita.
A la mujer las cosas le pasan. Como las sillitas voladoras, le pasan.
Recibe mails de sillas voladoras, de sueños volados y las cosas le pasan, le pasan cosas.
En un sueño ajeno es cajera y feliz. Recibe confesiones de un lunático, gente al borde del borde, gente loca, que canta y recita, jubilaciones que se jubilan, gente en “freno” y sillas de ruedas.
Hace deducciones gratis y las descarta como los hongos de la paja, pone el sueño en el horno y a la hora lo come y así se alimenta el espíritu.
Le cuentan de malas praxis de amor sin juicios ni castigos. Ella toma el paquete le pone moño y lo coloca arriba del ropero viejo. Lo mira desde la cama, no sabe qué hacer y se perfuma.
Fuma a ciegas por ahí. Piensa desde qué lugar se responde un sueño.
Mientras lee se le vuelan las nubes, pero respeta el dolor y no dice nada.
Quizá todo se compense y juntos puedan un día bucear.
Pero el temor a las profundidades la asfixia. El temor a las 2 ymedia, con el sol lamiendo la nuca en Uruguay también la asfixia. Las ganas, el compromiso, la onda se evaporan bajo los pies y la plataforma de hielo que la sostiene es sólo un celofán que cruje y que ya se rompe.
Cómo se responde un sueño si todavía la explosión la tiene atolondrada. Inmóvil con los dedos sobre las teclas. La mirada cíclope sobre “responder”.
El retrovisor no funciona; el temblor sí.
Ella quisiera corresponder, aclarar que hace rato que no anda por Creta, que no se volvió grande sino vieja, ella es feliz en sueños ajenos y la sonrisa es nada más que una mueca china. Un ruido, una alarma la corre de las líneas pero da igual.
No sabe cómo responder.
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