domingo, noviembre 22, 2009

Respondiéndote



Para vos, lunático de Evita.


A la mujer las cosas le pasan. Como las sillitas voladoras, le pasan.

Recibe mails de sillas voladoras, de sueños volados y las cosas le pasan, le pasan cosas.

En un sueño ajeno es cajera y feliz. Recibe confesiones de un lunático, gente al borde del borde, gente loca, que canta y recita, jubilaciones que se jubilan, gente en “freno” y sillas de ruedas.

Hace deducciones gratis y las descarta como los hongos de la paja, pone el sueño en el horno y a la hora lo come y así se alimenta el espíritu.

Le cuentan de malas praxis de amor sin juicios ni castigos. Ella toma el paquete le pone moño y lo coloca arriba del ropero viejo. Lo mira desde la cama, no sabe qué hacer y se perfuma.

Fuma a ciegas por ahí. Piensa desde qué lugar se responde un sueño.

Mientras lee se le vuelan las nubes, pero respeta el dolor y no dice nada.

Quizá todo se compense y juntos puedan un día bucear.

Pero el temor a las profundidades la asfixia. El temor a las 2 ymedia, con el sol lamiendo la nuca en Uruguay también la asfixia. Las ganas, el compromiso, la onda se evaporan bajo los pies y la plataforma de hielo que la sostiene es sólo un celofán que cruje y que ya se rompe.

Cómo se responde un sueño si todavía la explosión la tiene atolondrada. Inmóvil con los dedos sobre las teclas. La mirada cíclope sobre “responder”.

El retrovisor no funciona; el temblor sí.

Ella quisiera corresponder, aclarar que hace rato que no anda por Creta, que no se volvió grande sino vieja, ella es feliz en sueños ajenos y la sonrisa es nada más que una mueca china. Un ruido, una alarma la corre de las líneas pero da igual.

No sabe cómo responder.

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jueves, noviembre 05, 2009

RadaR en la Tormenta *

Me lo dedico exclusivamente a mí, que ando con el radar taponado de libélulas y golondrinas desorientadas por los desvíos climáticos y demases insignificantes.


Y alguna vez, no siempre, guiado por el radar
el poema aterriza en la pista, a ciegas,
(entre relámpagos)
carretea bajo la lluvia, y al detener sus turbinas,
descienden de él, pasajeros aliviados de la muerte:
las palabras.


* Alfredo Veiravé, de Obra Poética, Tomo II.

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viernes, octubre 16, 2009

Haiku Zoo

Bichos de un zoo
salidos de una siesta
se ríen de dios.

Mil animales
de penurias gloriosas.
Y todos míos.

Son elefantes
enchapados en oro
que hacen collar.

También un ángel
de alitas Carilina
limpia mi nariz.

Mis ojos secan
las lágrimas de alcoholes
con otros ojos.

Son ojos de pez
boqueando de ahogo.
Y yo sin aire.

Tortugas de mar
se ocultan de la arena
entrando en mí.

Soy una sombra
contaminada de luz
que no las quema.

Yo fui cadáver
con insomnios eternos
blancos y negros.

Y una gata gris
de pupila amarilla
me resucita.

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